CAMBIO DE MODELO PRODUCTIVO: MÁS UTOPÍA QUE REALIDAD

La durísima crisis económica que nos ha asolado desde 2008 no ha servido para introducir cambios de calado en el modelo productivo valenciano ni en el español. La todavía incipiente y tímida recuperación apunta algunos cambios puntuales positivos como una apuesta más firme por los mercados exteriores, pero poco o nada se ha avanzado para cambiar y actualizar nuestro modelo económico-productivo.

Os paso la primera parte un artículo tipo reflexión personal que publiqué ya hace 6 años, en 2010, en el momento más álgido de la crisis. Entonces albergaba algunas esperanzas que hoy van camino de desvanecerse.

El anhelado cambio de modelo productivo puede dejar de ser una utopía y convertirse en una realidad

Isidre March Chordà,

Publicado en: DIARIO DEL EMPRENDEDOR:

3 Mayo 2010fotoanheladocambio

www.retirarsealos40.com

 

1ª PARTE:

En 2009, con dos décadas de retraso y forzados por la crudeza de la crisis, irrumpió por fin en España el debate sobre la necesidad de instaurar un nuevo modelo de economía, más productiva, más innovadora y más sostenible.

Pero unos meses después, los anuncios efectuados tanto a nivel estatal con la “Ley de Economía sostenible” como autonómico con propuestas programáticas similares u orientadas a incrementar el gasto en I+D+i, llevan camino de quedarse, una vez más, en agua de borrajas.

La persistencia de la crisis actual, los peligrosos nubarrones procedentes de Grecia, la tendencia a fiar la salida de la crisis a una hipotética reforma laboral en medio de una incesante disputa política, amenazan con dejar pasar la oportunidad, una más, de introducir a España por la senda de los sectores de futuro, conocidos como sectores emergentes, intensivos en conocimiento y en tecnologías avanzadas, un camino por el que desde hace un tiempo transitan sigilosamente buena parte de las economías desarrolladas.

En un país de contrastes, que pasa de la euforia al victimismo, del alarmismo más desesperanzador a los brotes verdes que todo lo arreglan, sin hallar un punto intermedio para la reflexión pausada y objetiva, todo apunta que el interés por la “nueva economía” pronto se diluirá y caerá en el olvido sin generar apenas debate. Pero aunque los agentes institucionales, empresariales y sociales se contentarán con limitar su cometido a lograr la ansiada paz social, aún quedan algunos empresarios y ciudadanos que reconocen la imperiosa necesidad de incidir sobre el modelo productivo y se preguntan si estos intentos de cambio por medio de Leyes y Planes apuntan en la buena dirección y tienen posibilidades de fructificar.

Aunque promulgar leyes y propuestas programáticas supone un avance y un reconocimiento de la necesidad de un cambio real y profundo, su potencial impacto dependerá de la capacidad para concretarlas, materializarlas y dotarlas de contenido. En definitiva, pasar de la declaración de intenciones a la aplicación efectiva, sin magnificar sus expectativas, empezando por invocar un cambio en el esquema mental y de prioridades en los agentes que tienen la misión de liderarlo, la comunidad empresarial y los emprendedores.

En un país más dado a los anuncios efectistas que al mono de trabajo, el reto más complicado reside en convencer a los agentes económicos, pues las empresas privadas no invierten en I+D+i ni emprenden aventuras en actividades desconocidas por decreto o porque una ley se lo indique. Y menos en un contexto poco proclive como el actual, con restricciones crediticias y una tendencia en muchas empresas a congelar o reducir sus presupuestos destinados a actividades de I+D.

Las propuestas que emanan de las administraciones públicas no sólo deben destinar más recursos sino movilizarlos en la dirección apropiada, haciendo uso de un planteamiento tan simple como efectivo, el del premio y la recompensa ante buenas prácticas y conductas.

Las acciones tomadas a lo largo de los últimos dos años han perseguido ante todo amortiguar los efectos de la crisis y evitar un descalabro de determinados sectores considerados estratégicos. Pero este apoyo con dinero público determinados sectores con el único argumento de su tamaño y los peligros que sobre el conjunto de la economía generaría su hipotética caída libre, ha alimentado las lógicas reservas y escepticismo entre amplias capas de la población, porque salva, rescata, y deja impunes y sin castigo a agentes que optaron libremente por comportamientos temerarios, oportunistas y especulativos, aun a sabiendas del riesgo que entrañaban sus controvertidas decisiones y estrategias.

Este tipo de políticas anti-crisis implementadas hasta ahora en España y a escala internacional podrían resumirse en la siguiente frase: “Los traviesos tienen premio”. Pero, ¿resulta justo que el profesor premie a los traviesos y a los vagos dedicándoles toda su atención y su tiempo, mientras deja desatendidos y olvidados a los alumnos trabajadores, cumplidores y responsables?

Esta pregunta que nadie formula de forma directa por políticamente incorrecta, se respira en el ambiente y resume la sensación que embarga a colectivos no menos estratégicos como los autónomos, los emprendedores, o las PYMES.

Más allá de actuar de paracaídas de sectores sujetos a inercias del pasado y que se han esforzado poco por anticiparse a los cambios del entorno, buscar nuevos mercados y prepararse para ser competitivos en periodos de recesión económica, es hora de que las propuestas de nuestras administraciones públicas miren hacia el futuro abonando el terreno para un progresivo cambio estructural liderado por las actividades intensivas en conocimiento, tecnologías de punta y servicios avanzados. Y premiar con exenciones fiscales, apoyos financieros y otros incentivos efectivos y no efectistas, a los emprendedores, las empresas y sectores productivos que avancen por el camino de la excelencia, innoven, se diferencien y conquisten nuevos mercados, creando valor, riqueza y empleo estable en nuestro país.

En un país con una acusada propensión hacia las conductas oportunistas y especulativas habría que penalizar con firmeza este tipo de comportamientos si no queremos reincidir dentro de poco, al tiempo que establecer mecanismos de supervisión y control de los avances logrados por emprendedores que crean nuevas empresas guiadas por un talante innovador y de creación de valor, y las empresas que adoptan las estrategias y las acciones oportunas para consolidarse, progresar y crecer.

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